Portugal, ese país de al lado
No podía esperar más y no escribir algo sobre un país que nos vuelve loco, tanto a mi novia Ana como a mí, se trata de Portugal. País ubicado en un extremo de Europa, y durante años olvidado y arrinconado. Con los pasos de los años, Portugal se quito los complejos de encima y hoy en día puede presumir de ser uno de los países más bonitos y sus ciudades unas de las más acogedoras, y que decir de sus gentes, pocos son los que se han acercado a Portugal y no se hallan sentido como en casa.
OPORTO
Pocas ciudades en el mundo vi más románticas que Oporto, ni siquiera Venecia o Paris pueden comparársele. Su aire mestizo entre lo decadente y lo intelectual hacen de Oporto una ciudad calida y amable. Callejuelas gobernadas por adoquines húmedos, aceras sombreadas entre edificios coloniales de color legumbre a medio derrumbar, balconadas gobernadas por ropa colgante al secar del vento…Viajar por las calles de Oporto es hacerlo por el interior de uno mismo. Considerado Patrimonio de la Humanidad desde los años ochenta deja muestra de ser una ciudad monumental. Me recuerda también mucho a La Habana, en ese desfile de edificios enormes semiruinosos entre calles de piso de piedra. Impresionante la Avenida del Ayuntamiento con ese toque señorial y que decir de la Rivera del Doiro, al atardecer y con el sol poniéndose en su desembocadura hace pensar en el rodaje de una película mientras el director da órdenes en un muelle de película. Impresionante también la vista de Oporto desde el otro lado del río Doiro, en el distrito de Gaias, con esa visión de unas casas encimas de otras entremezcladas con edificios reinantes religiosos y artísticos.
Pocas cosas relajan tanto como sentarse en las sillas de la Plaza de la Batalha y mirar el ir y devenir de gentes. No se puede marchar uno sin entrar en el Café Bar Java que gobierna el fondo de la plaza o acercarse hasta la estación de autobuses y contemplar sus impresionantes azulejos con imágenes, como la mayor parte los edificios históricos de la ciudad.
LISBOA

Tengo que decir una cosa, la causa por la que Florencia no me impresiono y no sufrí mi particular Síndrome de Stendhal fue porque anteriormente había descubierto Lisboa. Si Florencia posee la sobrevalorada Plaza de la Republica, Lisboa presume de la Plaza del Comercio, mas grande, mas colosal, mas brillante…Lisboa es todo lo contrario a Oporto, si la primera representa lo viejo, lo decadente, el romanticismo en estado puro, Lisboa se antepone en todo lo contrario, modernidad, efusividad, ritmo vertiginoso de gran ciudad.
En pocas ciudades se ha sabido compaginar tan bien lo antiguo y lo moderno sin apenas hacerse daño, respetando historia y recibir con los brazos abiertos el modernismo. Lisboa y sus innumerables plazas, avenidas y parques comulgan a la perfección con casas típicas lisboetas de color blanco y tejado rojo teja. Grandioso ver pasar por sus calles el tranvía de hace décadas como parte del espectáculo que ofrece Lisboa, los raíles y los adoquines en simbiosis perfecta. Es una bendición el mirar a ambos lados donde la imagen del paisaje vale más que mil palabras.
No se puede perder un paseo de principio a fin de la Avenida da Liberdade, ni el Cristo Redentor, ni La Torre de Belén….ufff y el Barrio de Alfama, perdido entre callejuelas estrechas con sonido de fado en una Lisboa vieja que resiste imponente el paso de los años y los turistas.
BRAGA

Braga es mi ciudad de Portugal preferida, la primera visión que tuve en mente cuando visite por primera vez Verona en Italia fue la de Braga, ciudades consonantes en diseño y comodidad, parejas en estructura y ambiente. Una ciudad de cuento de hadas que en vez de duendes y caballeros conviven portugueses norteños de piel blanca. Al primer vistazo Braga podría parecer una ciudad de un país nórdico del este de Europa. Jardines amplios, casas pequeñas unifamiliares y sobretodo un centro histórico perfectamente cuidado y lo que es mas importante, casi todo peatonal, metros y metros de calles para el disfrute del caminante. Su Plaza de La Republica podría ser un cuadro de rumbens del siglo XXI, fuente, jardín, ayuntamiento al fondo y al otro lado a lo lejos reinante el Bon Jesús y el Monasterio de Sameiro en lo alto de la montaña que gobierna Braga y desde donde se puede tener la mejor vista panorámica.
Ciudad pequeña y moderna y a la vez cuidada y coqueta, de las ciudades que ya no quedan en España, y encima esta tan cerca…pero a la vez tan lejos…pocos turistas españoles echan la vista atrás y se fijan en ella como uno de sus destinos predilectos, salvo mi novia Ana y yo, de la que Braga para nosotros es como Bremen para los cuatro músicos, una ciudad de encanto. Que siga por muchos años.
COIMBRA

Ciudad de curas y estudiantes, el retroceso y el progresismo, una vez más como pasa en la mayor parte de las ciudades de Portugal, el pasado y el futuro cabalgan sin atropellos. Controversia en estado puro.
Ciudad inclinada en la montaña, con su río como frontera de otro distrito y desde el cual se puede observar una de las visiones mas descriptivas de Coimbra. Esbelta, insultante hacia el cielo, reposante de ideas y cultura. Su universidad en lo alto forma una de las imágenes mas bonitas que no nos brinda solo Coimbra, sino Portugal entero. Sus edificios, uno en frente otro, como si se tratasen de la acrópolis de Atenas, con miles de estudiantes que pueblan sus plazas, sus calles que conducen al centro de Coimbra. Ciudad decorada en sus aceras y calles por adoquín y empedrados que forman figuras. Mas que en ninguna otra de Portugal, Coimbra es la ciudad del suelo que que se convierte en arte. Lugar de pequeñas plazas, de parques con fuentes misteriosas, calles inclinadas, laberintos de callejuelas resguardadas con mercadillos, cuestas interminables…
Al otro lado del río la Ciudad Dos Pequeninhos, nada del otro mundo, con más fama que otra cosa, en cambio en sus colinas se aposenta monasterios y seminarios que recuerdan mejores tiempos.
Mi novia Ana y yo nos alojamos en uno de los sitios mas entrañables que puede haber, el Hostal Kaninmanbo, presidido por una señora de figura débil pero de corazón fuerte.
GUIMARAES
Ciudad con encanto a poco tiempo en coche de Braga y de Oporto, situada en medio del recorrido de ambas. Proclamado patrimonio de la humanidad su centro histórico al ser considerada una de las menores ciudades medievales de Europa. Todo en su centro histórico en perfecto estado, limpio, cuidado para el disfrute del turista que invade Guimaraes en Semana Santa. Sus calles medievales peatonales se fusionan con iglesias y capillas de la época, balconadas en plazas céntricas que hace siglos fueron el centro neurálgico de la sociedad y del pueblo, hoy transformadas en terrazas y bares con olor a antiguo que conservan su ambiente histórico.
A las afueras, en lo alto de la montaña se aposentan uno de los mejores emplazamientos arqueológicos de todo Portugal, con castillo, capilla y un enorme palacio que hace sentir pequeño al visitante, y todo en el mismo sitio, a apenas unos metros unos de otros. También, como todo Guimaraes se conserva en prefecto estado. Estar en medio de todos estos resquicios arqueológicos es hacerlo en otro tiempo, la sensación de haber retrocedido es inevitable.
A parte de su centro histórico medieval, Guimaraes guarda encanto en todo el resto de la ciudad, con plazas adoquinadas formando figuras de colores que soportan parques y plazas largísimas. Además de otra muralla que antiguamente resguardo toda la ciudad.
Sin duda Guimaraes es el ejemplo perfecto de un montón de épocas conviviendo entre si y que dejaron como legado innumerables edificios y elementos que hoy podemos disfrutar como si fuese un libro de historia abierto.
CHAVES

La primera vista que se tiene de Chaves antes de entrar en su centro histórico con el puente romano como único paso, es el de una ciudad que guarda un montón de historia y secretos en su interior. A pesar de ser una ciudad pequeña, se aprecia que cada reducto, cada lugar, cada esquina guarda una belleza sobrecogedora, y en gran medida viene dada por la mezcla de culturas e historia en la que esta empapada. Desde el imperio romano que la hizo ser una de las ciudades mas importantes del norte de la península ibérica y que dejaron como legado puentes arcaicos que soportan como nadie el paso del tiempo, ciudades romanas o piedras misteriosas, para luego pasar por la edad media y que como testigo queda una torre medieval de un castillo que sobrevive en las laderas de una muralla que en otros tiempos salvaguardo a la ciudad, hasta llegar a la universidad de hoy en día, símbolo de estudiantes y revolución.
Pero a parte de esto, Chaves es el Portugal profundo, el Portugal textil que se aprecia mas que en ningún otro lugar en ferias de calles interminables con centenares de puestos donde portugueses con micro en mano muestras sus precios increíbles a precio de rebaja en sabanas o colchas. Sin duda mi novia Ana y yo nos llevamos una satisfacción muy grande al descubrir una ciudad que no estaba en nuestros planes, y poder pasear por sus calles peatonales recién estrenadas entre edificios al más puro estilo portugués desde donde cuelgan balconadas multicolor que miran el pasar del río.
BRAGANÇA

Puede ser que la ciudad de Bragança a primera vista no guarde ninguna reliquia para el visitante, pero esta ciudad situada al norte Portugal, a escasa distancia con Galicia puede presumir de ser una de las más tranquilas y acogedoras de Portugal. Posee un castillo en lo alto de la montaña con una muralla rodeando la antigua ciudadela de Bragança, y todo en perfecto estado de conservación, tanto la torre, los muros y las decenas de casas que antiguamente formaban un reino. Desde este enclave se puede divisar una visión entera de Bragança, más moderna en la que confinan parques modernos con casas antiguas que bañan sus caras al río.
En el interior de la pequeña ciudad un centro histórico completo y bello, con iglesia, crucero, ayuntamiento y plaza y todo observado desde una esquina bordeada de calles de piedra y adoquín donde se enclava una cafetería situada en una caserón colonial abalconado.
Bragança es lugar de estudiantes y aunque parezca imposible, compagina este frenesí con la tranquilidad que invade la ciudad en fin de semana. Sin duda para ir unas pequeñas vacaciones y relajarse mientras uno divisa en lo alto de la montaña los muros de una muralla que antiguamente resguardo un pueblo lleno de vida e historia.
CASCAIS

El paisaje que se recorre hasta llegar a esta ciudad que se situada en la misma punta de la nariz de Portugal es casi bucólico, sucesión de playas minúsculas con arena color tierra oscura, rocas al servicio de las olas, casas de verano relucientes al sol del atlántico y una carretera que sirve de itinerario para la vista.
Cascais no se parece en nada ninguna otra ciudad de Portugal, salvo su vecina Estoril, ambas construidas para el disfrute hace años de la Jet set portuguesa y española. Ciudad costera, ciudad de playa para turistas que aburrieron la costa del sol.
Cascais posee calles adornadas a ambos lados de enormes árboles que hacen sombra al viandante. Chalets y casas de verano de alto estanding adornan las avenidas que hace pocos años se levantaron. El centro, su pueblo antiguo se encuentra perfectamente cuidado, viéndose los retoques que se le dieron es esta ultima época. Preciosa la vista de Cascais desde su pequeño pero elegante puerto, con caserones en forma de castillo sobrepuestos sobre acantilados de roca que guardan en sus faldas calas de arena blanca.
En el centro casitas minúsculas de una sola planta que fueron y son casas de viejos lobos de mar, hoy conectado con plazas de adoquín recién construidas y que guardan un toque antiguo para no romper la sintonía.
Grande es su vida en verano, miles de viajeros atraviesan sus estrechas y peatonales calles dirección a la playa mientras se paran en puestos ambulantes de minúsculos mercadillos y tiendas de souvenir. Mi novia Ana y yo pasamos en esta ciudad y en una pequeña cala en el centro de Cascais unas vacaciones maravillosas.
Cascais es una ciudad privilegiada y eso se puede apreciar en el brillo que reluce en todo el contorno adornado por el sol reluciente del atlántico.
AVEIRO

Está visto que muchas veces lo bueno se hace esperar, y en este caso con Aveiro ocurrió lo mismo. A pesa de pasar en numerables viajes por Portugal a escasos Kilómetros, nunca me había dador por para y verla. Esta vez, todo fue distinto, con un viaje programado con mi novia, nos decimos pasar dos días en una de las ciudades más bonitas y relajantes, no solo de Portugal, sino de Europa entera. Entrar en Aveiro, es hacerlo en una estructura arquitectónica distinta al del resto de ciudades de la península Ibérica, y todo subrayado mediante las lagunas y arenales que dan la bienvenida al viajero nada mas entrar en ella. Luego sus canales (que nadie espere encontrarse con otra Venecia) bien cuidados y que presiden las partes principales de la ciudad y de su zona vieja, sus puentes coloridos y adornados por flores en macetas colgantes mientras "góndolas" portuguesas surcan los canales. Precioso la zona peatonal del ayuntamiento, la catedral, el museo, las callejuelas estrechas confinadas a casas de planta baja de azulejo o colores vivos donde al final siempre suele haber una plaza. Y en la zona del canal principal un centro comercial colosal, que lejos de romper la estética de una ciudad tan distinta, le da el toque final y especial.
Pero mas bonito aun es su costa, con casitas de madera de colores que parecen haber salido de una película mágica de Tim Burton, y con su faro gigantes (el tercer faro mas grande del mundo) sujetando del cielo.
Si Aveiro presume de ser una luz clara, cuidada, blanca, relajante nada envía la noche, con canales alumbrados a la luz de farolas y casas colindantes.
Que nadie piense cuando va a Aveiro, que se va encontrar a otra Venecia, Ámsterdam o Brujas. Se encontraran con Aveiro, y eso ya es mas que suficiente.

ana dijo
Maravillosa y completa descripcion de cada sitio por donde nos perdimos dias enteros de descanso.Sitios pequeños pero grandes,que guardan un monton de sueños.Portugal es un sitio para respirar...
5 Enero 2009 | 10:09 PM