En plena fiebre remenber de los 80 en los que nos encontramos los treintañeros de principio de este siglo no podía faltar en nuestras memorias las horas y horas que hemos pasado delante del televisor con los ojos abiertos como platos captando (imágenes) y tragando (bocadillos de nocilla) ante las historias y aventuras que corrían los personajes de nuestras series preferidas. En plena época dorada de los estudios de animación españoles salían programas y dibujos animados (anime) de gran calidad y belleza artística consiguiendo captar la atención de todos nosotros.

El final de esta época (todo lo que empieza, tiene un final) tuvo un punto de inflexión, un canto del cisne duradero, que vino de la mano de una serie grande como pocas y reconocida nacional e internacionalmente por expertos del audiovisual con infinidad de premios. Esta serie se llamaba , Los Trotamúsicos encabezada y dirigida por el gran Cruz Delgado, gurú del anime de nuestro país, que vio como la serie de Los Trotamúsicos lo catapultó a niveles celestiales de fama y reconocimiento de critica y publico, aunque a decir verdad, su reputación de gran mago de la animación ya venia precedida de sus anteriores trabajos, pero lo que cabe salientar es que la serie Los Trotamúsicos emitida por televisión española a principios de los 90 hizo de Cruz Delgado un gran conocido para la inmensa mayoría de nosotros, los cuales jóvenes e ignorantes nunca habíamos escuchado hablar de él.

Sus obras, tanto Los Trotamúsicos como sus anteriores películas cuentan con un gran impacto visual(para le época) y una fuerza sobrecogedora de sus personajes, haciendo que estos, tanto en ficción como en la realidad (nuestras mentes) cojan vida y pasen de ser meros dibujos animados a personajes casi reales, cercanos, emotivos...

Este es mi pequeño homenaje a Cruz Delgado y la serie Los Trotamúsicos, por hacerme pasar tantas horas feliz delante del televisor y hacer que cada vez que la recuerdo sienta esa brisa fina con color a sepia, símbolo inequívoco de mi niñez.